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Jesuit Fathers & Brothers

Blessed Sacrament Parish

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Pastor's Corner

Archive for September, 2007



26 (C)

By Fr. Michael Mandala, S.J. on 30-09-2007 | Pastor | Comments Off 


• 26 domingo ordinario, 30 septiembre, 2007
• Tema: Inversión y Conversión

• Una vez más, Jesús les cuenta una parábola a sus oyentes,
• (el mendígo – el que lo pide; el méndigo – el que no se lo da)
• Esta parábola es de un hombre muy pobre y un hombre muy rico.
• El cuento es notable no tanto por el estado de estos dos hombres después de la muerte,
• Sino por lo que sucede al final.

• En este relato, hay un rico, bien vestido, sin nombre y un pobre, llamado Lázaro, cubierto de llagas, a la puerta de él.
• Los dos se mueren y el pobre recibe consuelo y el rico no.
• San Lucas de intento no le da nombre al rico, sino sólo al pobre porque el pobre es reconocido por Dios por su humildad.
• Pero, ¿que es lo que hizo el rico para encontrarse en el infierno?
• Pienso que es el hecho que el rico nunca veía al otro
• Ni como persona con dignidad,
• Ni como más que un obstáculo en su vida.

• Las parábolas siempre tienen sorpresas.
• Para el rico la sorpresa fue de no estar recibido como alguien especial, y
• De ver al pobre puesto más alto que él.

• La lectura nos invita a ver al otro como es - mi hermano o hermana:
• Un ser humano con dignidad, igual que yo.
• ¿Cuántas veces no vemos al otro u otra?
• ¿Cuántas veces pasamos por alto a los con necesidad sin pensar en ellos?
• Muchas veces están muy de cerca a nosotros pero estamos encerrados en nuestros pensamientos, nuestro trabajo, nuestra familia. (cf. Doris Regan, O.P.)

• Pensemos un poco en la historia:
• Jesús no dice que las riquezas del hombre rico son el resultado de alguna injusticia o crimen;
• No hay nada malo en sus riquezas.
• El reto que Jesús nos da en esta parábola es que el rico no se preocupa por nadie más que por sí mismo.
• No se da cuenta que el pobre Lázaro aún existe.
• Está tan centrado en sí mismo y en sus placeres lujosos que ni siquiera puede ver los sufrimientos de otras personas.
• El rico no sólo niega a ayudar a Lázaro; sino ni siquiera se da cuenta de que Lázaro tiene necesidad.
• Su propia abundancia lo hace ciego a las necesidades de otros.

• Los ricos mencionados por el profeta Amós en la primera lectura son iguales;
• Disfrutan de sus riquezas sin pensar en otros.
• Ni están molestos por el peligro de su nación que está en camino a la destrucción a causa de falta de fe y de la práctica de justicia.

• Ambos Jesús y el profeta Amós, entones, condenan al mismo egoísmo.
• Pero Jesús va más allá;
• El rico en el cuento de Jesús por lo menos quiere prevenir que sus hermanos compartan del mismo destino malo suyo.
• Ruega que alguien vaya a avisarles sobre lo que espera a personas como él.
• Luego las palabras sorprendentes de Jesús:
• “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, ni siquiera escucharán a alguien resucitado de entre los muertos.”

• ¿Por qué está tan duro Jesús?
• Creo que fue a causa de su propia experiencia.
• Él había hecho muchas maravillosas:
• Curó a muchos enfermos;
• Sanó a varias personas con enfermedades mentales;
• Aún resucitó a algunos muertos.
• Sin embargo, tantas personas se negaron a creer en Él.
• Ellos no quisieron cambiar su manera de vivir.
• No querían preocuparse por los demás
• Jesús nos echa el reto a nosotros.

• ¿En la historia de Lázaro y el hombre rico, quienes somos nosotros?
• En contraste con los Ricos de Beverly Hills, somos los pobres
• Pero, fíjense, en contraste con los que pasan hambre en nuestras calles, somos los ricos.
• Esta historia nos llega a todos.

• ¿Qué pide el Señor de nosotros?:
• Que no estemos ciegos a los sufrimientos y pobreza de otros,
• No necesitamos ninguna revelación adicional;
• Los hermanos en el cuento tenían a Moisés y a los profetas;
• Nosotros tenemos a Jesucristo que nos guía.

• Así sea, Amen

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